sábado, 2 de noviembre de 2013

3.2. Principios básicos de la Ética profesional.

Entre los criterios básicos o principios fundamentales de una Ética profesional que ayude a los educadores en la tarea de mediación entre las normas vigentes y la práctica profesional concreta, puede señalarse los siguientes:
  • Respetar la dignidad personal de cada uno de los miembros de la comunidad educativa y atender a la persona en su totalidad.
  • Promover los Derechos Humanos y la defensa de los valores de la ética civil.
  • Proceder siempre conforme a la justicia, evitando la  exclusión y la marginación.
  • Actuar con autonomía y responsabilidad profesional.
  • Regirse por el principio de beneficiencia, que lleva a poner las competencias profesionalles al servicio de los usuarios, buscando su bien.
  • Asumir la responsabilidad de la propia formación continua.
  • Actuar según el principio de imparcialidad.
  • Aceptar, reconocer y atender a la diversidad y las minorías.
  • Vivir el principio de confidencialidad o secreto profesional.
  • Actuar siempre conforme al principio de veracidad.
Junto a estos principios básicos de la deontología profesional, es neceario proceder de acuerdo con las normas de la ética general y la profesionalidad específica del ámbito edcativo.
Entre otros aspectos cabe destacar la necesidad  de ejercitarse en la esperanza, el tacto pedagógico, la pasión por enseñar...

4. Los códigos deontológicos en el ámbito educativo.

La asimetría constitutiva de las relaciones que se establecen en las profesiones de ayuda lleva consigo la neceisdad de hacer explícita su normatividad ética, deontológica y legal, pues no sólo hay que aportar confianza al usuario, sinto también a la sociedad en su conjunto.
Y, del mismo modo quee se presupone la veracidad del periodista que cuenta una noticia, también se confía en que los educadores actuarán de acuerdo con una serie de disposiciones que aseguran unos mínimos de profesionalidad en el desempeño de su labor.

García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 51. 

4.1. Los códigos deontológicos.

Estos mínimos son los que se tratan de plasmar en el código deontológico de una profesión, que es un documento escrito elaborado por un coletivo laboral con el próposito explícito de guiar la actuación prudente de los especialistas, protegiendo a los usuarios del servicio, y velando por la buena reputación d ela profesión.
O, dicho de otro modo, los códigos deontológicos son la expresión escrita del conjunto de deberes profesionales que un colectivo profesional ha ido descubriendo en el ejercicio de su trabajo y que señala los límites medianamente seguros para obrar bien en ese ámbito laboral.
Entre las funciones generales que pueden atribuirse a los códigos deontológicos podemos destacar los siguientes:
  • Guiar la acción y la toma de decisiones por parte de los profesionales.
  • Protección de los usuarios.
  • Mejora del estatus profesional.
  • Creación y mantenimiento de la identidad profesional.
  • Servir como instrumento de regulación al que apelar enn caso de negligencia o mala conducta en el ejercicio de la profesión.
  • Delimitar los ámbitos de competencia de la profesión.
Las funciones de los códigos deontológicos se pueden agrupar en tres categorías:
  • Aquellas orientadas a determinar los criterios científico-técnicos que debería conocer y poseer un profesional.
  • Las orientaciones éticas sobre las relaciones que se entablan a partir del ejercicio profesiona con los usuarios, otros profesionales, el propio colectivo, las instituciones....
  •  Algunos códigos también explicitan las sanciones y mecanismnos de rendición de cuentas de los profesionales.
García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 52. 
Banks, S. De juramento a libros de normas: un examen crítico de los códigos de ética en las profesiones sociales, en Orlando F., Sánchez, N. y Acosta, W. Valdeleón (Coords). Ëtica de las profesiones: tendencias y desafíos. Universidad de la Salle. Colombia 2010.
Pantoja Vargas, P. Deontología y código profesional del educador social. En Pedagogía social. Revista Interuniversitaria, vol.19 (2012) pág, 65-79.

4.3. Los códigos deontologícos para educadores sociales.

En el ámbito profesional de la educación social existe ya desde hace algún tiempo un Código profesional ampliamente  consensuado.
Este Código se ha gestado de forma paralela a la construcción del colectivo laboral, principalmente en los sucesivos Congresos del Educador Social, y tuvo su origen en el "Esbozo" o "Primera tentativa de elaboración de un conjunto de principios normativos y criterios para el desempeño ético de la profesión", elaborado en la Universidad de Deusto.
Resulta particularmente interesante analizar la metodología empleada para la elaboración del "Esbozo" ya que no partió a priori de ninguna teoría pedagógica concreta, sino de los dilemas éticos que aparecían en la práctica cotidiana.
Tal como refiere uno de los redactores, para su elaboración se diseño un cuestionario que se envió a educadores sociales de diversas Comunidades Autónomas, pidiéndoles que describieran detalladamente conflcitos éticos reales y propuestas de principios de acción y de normas concretas a seguir en la actuación educativa social.
En el código deontológico de los educadores sociales se recoge el tipo de actuaciones que delimitan el campo de intervención de estos profesionales y las áreas en las que les corresponde actuar en el ejercicio responsable de su trabajo, que se sintetizan en el cuadro siguiente.

Actuaciones de contexto: acciones y tareas que se dirigen a posibilitar un contexto educativo o mejorarlo y dotarlo de recursos.
  • Participar en el ánalisis, diagnóstico, disñeo, planificación y evaluación de programas educativos.
  • Colaborar en la orientación de políticas sociales y culturales de participación ciudadana.
  • Desarrollar acciones mediadoras con las instituciones, asociaciones y demás entidades de cáracter público y privado que permitann la creación de redes entre distintos tipos de servicios para el desarrollo de la acción educativa.
Actuaciones de mediación: trabajo que el educador realiza para que el sujeto pueda encontrarse con lugares, personas, y contenidos en su dimensión social, cultural y relacional.
  • Mediar para que se pueda producir un encuentro con unos contenidos culturales, con otros sujetos o con un lugar.
Actuaciones formativas e instructivas con personas o grupos: aquellas que posibilitan la apropiación de elementos culturales por parte del sujeto. Actos de enseñanza de herramientas conceptuales, habilidades técnicas o formas de trato social.
  • Análisis, diagnóstico, diseño, planificación, realización y evaluación de proyectos educativos individualizados.
  • Análisis, diagnóstico, diseño, planificación, realización y evaluación de proyectos comunitarios.
  • Realización de proyectos de formación de los contenidos culturales que permitan el aprendizaje social.
García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 58. 
Unesco. Declaración Mundial sobre la educación superior en el siglo XXI: visión y acción, art.2. Función ética, autonomía, responsabilidad y prospectiva.
Pantoja Vargas, P. Deontología y código profesional del educador social. En Pedagogía social. Revista Interuniversitaria, vol.19 (2012) pág, 65-79..

4.4. La perspectiva internacional en la construcción de las conductas éticas de los docentes.

Veremos algunas iniciativas sobre comportamiento éticos y deontología docente desarrolladas desde organizaciones internacionales en el ámbito educativo.
Con ello se pretende mostrar el grado de acuerdo alcanzado a nivel internacional y, por tanto también intercultural, en relación con los valores, principios y criterioss que orientan las buenas prácticas educativas.

Reconocimiento de la OIT/UNESCO sobre la situación del personal docente en 1996.
Esta Recomendación puede servir como base para el desarrollo de un código deontológico de la profesión.

Declaración sobre ética profesional de la Internacional de la Educación (IE), del 2001.
La Internacional de la Educación, constituye la mayor federación de sindicatos del mundo en el ámbito educativo, representa a 30 millones de profesionales de la educación de 400 organizaciones en 160 países y territorios de todo el mundo.

Si bien se trata de documentos orientaddos principalmente al estudio de las condiciones laborales de los educadores, tanto una como otra representan ejemplos de cómo es posible consensuar a nivel internacional valores y principios vigentes en las profesiones educativas, más allá de la diversidad de culturas - aunque, obviamente, este esfuerzo "universalizador" vaya en detrimento de la profundidad del análisis y del nivel de exigencia que aportan los documentos-.

Instituto Internacioinal de Planeamiento de la Educación de la UNESCO.
Consistió en un e-forum sobre códigos de conducta para docentes, en 2011.
Aunque habitualmente suela utilizarse como expresiones equivalentes, en este contexto se diferencio entre los "códigos de conducta" y los "códigos éticos", señalando que la conciencia colectiva de una profesión es, a menudo, responsable de la regulación de los comportamientos de sus miembros; y cuando éstos aparecen codificados, dan lugar a códigos de conducta y a códigos éticos.
Los códigos de conducta establecen los principios de actuación, normas de comportamiento y funcionamiento de los miembros del colectivo.
Mientras que los códigos de ética pueden ser considerados como una  "aspiración", enn el sentido de que indican los ideales que deben guiar el ejercicio de la profesión.
En cualquier caso los códigos deontológicos deberían trabajarse más como un medio para crear un ethos y una cultura profesional de mayor calidad moral, y no tanto como conjuntos de reglamentaicones externas conducentes a guiar la actuación de los docentes, porque los códigos deontológicos pertenecen a la esfera profesional, no jurídica.

García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 59.
 Jover Olmeda, G. El aspecto ético en la configuración profesional de la educación.En Ruíz Corbella, M. (Coord). Educación moral: aprender a ser, aprende a convivir. Ariel. Barcelona, 2003.




Resumen

Resumen

Código deontológico del educador y la educadora social.

Preámbulo

Capítulo 1. Aspectos generales.

Capítulo 2. Principios deontológicos generales.

Capítulo 3. El Educador/a Social en relación con su profesión.

Capítulo 4. El Educador/a Social en relación a los sujetos de la acción socioeducativa.

Capítulo 5. El Educador/a Social en relación al equipo.

Capítulo 6. El Educador/a Social en relación a la institución donde realiza su trabajo.

Capítulo 7. El Educador/a Social en relación a la sociedad en general.

Disposiciones adicionales

Capítulo 8. Problemáticas ético-laborales en el desempeño de las profesiones educativas.

1. Cara y cruz de la educación. El riesgo de las profesiones educativas.
2. La violencia en los ámbitos educativos.
3. Problemas psicológicos asociados a las profesiones educativas. Estrés y síndrome del quemado o "burnout".
4. Vocación profesional y educación.

1. Cara y cruz de la educación. El riesgo de las profesiones educativas.

La educación es una actividad en la que es preciso asumir un exigente compromiso moral y un determinado riesgo.
Sin duda, el "riesgo de educar" es una realidad que está estrechamente vinculada con su  fin propio: la "habilitación de los educandos para la libertad"; y ésta relacionado también con el desgaste de la personalidad y las patologías específicas que pueden producirse en los educadores.

Malestar docente.


García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 61.
Bárcena, F. Tarea educativa y saber prudencial. UCM, Madrid, 1987, pág.1.

Malestar docente.

La dedicación a las profesiones educativas puede tener consecuencias psicológicas perjudiciales para los educadores.
Éstas se engloban genéricamente bajo la expresión "malestar docente".
Esteve empleo el término "malestar docente" a modo de expresión inclusiva que describe los efectos permanentes de carácter negativo que afectan a la personalidad del educador como resultado de las condiciones psicofísicas y sociales en las que ejerce su tarea.
Entre ellas, hay que lamentar el aumento de las manifestaciones violentas que se registran en ambientes educativos.



García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 61.
Esteve, J.M. El malestar docente. Laia. Barcelona, 1987.

2. La violencia en los ámbitos educativos.

Acoso entre escolares.
Violencia contra los propios educadores.

Acoso entre escolares.

Los estudios realizados en Escandinavia por Olweus comenzaron a dar visibilidad al "acoso entre escolares", que es definido como una conducta de persecución física o psicológica por parte de un alumno contra otro; al que elige como víctima de repetidos ataques tanto en el espacio físico como en el virtual - mediante las redes sociales, el correo electrónico...-
Piñuel y Oñate, lo identifican con las siglas AVE, acoso y violencia escolar, entre iguales.
Esta acción, negativa e intencionada, sitúa a las víctimas en una posicion de la que difícilmente puede salir por sus propios medios.
La continuidad del acoso provoca en las víctimas efectos negativos importantes: disminución de la autoestima, estados de ansiedad, cuadros depresivos.., que dificultan su integración en el medio escolar y el desarrollo normal de los aprendizajes.
Por lo tanto, es resposabilidad grave de los educadores la detección y, en su caso, el tratamiento de las conductas violentas en los espacios educativos.

García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 62.
Piñuel, I. y Oñate, P. Mobbing escolar, CEAC. Madrid. 2007, pág. 122.
Informe del Defensor del Pueblo sobre violencia escolar: el maltrato entre iguales en la educación secundaria obligatoria 1999-2006.

Violencia contra los propios educadores.

Por otra parte, la violencia en estos ambientes puede dirigirse también contra los propios educadores - tanto por parte d elos alumnos como por personas cercanas a elllos: padres, familiares, amigos...-.
Estos casos de acoso y agresión a los educadores son, por desgracia, cada día más frecuentes.
Se ha intentado quitar importancia a la violencia contra los profesores señalando que es culpa suya, debido a la falta de autoridad del profesorado.
Sin embargo, en la mayor parte d elos casos, se debe a factores socio-culturales difíciles de determinar.
Por este motivo, en algunos lugares se han desarrollado políticas encaminadas a reforzar jurídicamente la potestad de los educadores.
Estas medidas tienen como finalidad "potenciar  la función docente y reafirmar la figura del profesorado como pilar fundamental del sistema educativo, reconociendo su condición de autoridad pública, lo que implica que los hechos constatados por los profesores gozarán de la presunción de veracidad y respeto, y a este respecto quedará garantizada la protección establecida por el ordenamiento jurídico".
Siendo esto un reconocimiento positivo, hay que añadir que la reapropiación de la autoridad propia de los educadores tiene que lograrse principalmente como fruto de una reflexión pedagógica profunda sobre su práctica cotidiana, y no sólo con su refuerzo positivo en disposiciones jurídicas.


García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 62.
ANPE, Informe del  Defensor del profesor 2010-2011.
Ley 15/2010 de 3 de diciembre, de Autoridad del profesorado ( BOE, nº 316 de 29.12.2010). Preambulo.

3. Problemas psicológicos asociados a las profesiones educativas. Estrés y síndrome del quemado.

El agotamiento de los educadores, el estrés, la acumulación de exigencias y responsabilidades que recaen sobre ellos... son algunos de los elementos que dan origen al fenómeno conocido como burnout, que se traduce como síndrome del quemado.
En la actualidad no es infrencuente encontrar profesionales "quemados" y víctimas del estrés entre quienes se dedican a la educación, ya que éstas son las patologías laborades de índole psicológica más frecuentes en este colectivo profesional.
Estrés.
Síndrome del quemado o "burnout".


García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 64.

Estrés.

El estrés es una alteración del conjunto de reacciones fisiológicas que preparan al organismo para la acción como resultado de la relación entre el individuo y el entorno, evaluado por aquel como amenazante, que desborda sus recursos y pone en peligro su bienestar.
Se trata, por tanto, de una tensión psicológica que  se experimenta a causa de una sobre-estimulación o excesiva exigencia ejercida sobre el sujeto.
El estrés se genera por la presión ejercida por demandas inusuales o excesivas que amenazan el bienestar o la integridad  de una persona; y el intento que ésta realiza para dominar la situacción al pone en peligro de que sus recursos para afrontarla se vean agotados.
La clasificación tradicional del estrés establece una distinción clara entre:
  • El estrés agudo. que consiste en la sobrecarga psicológica provocada por un accontecimiento aislado de incidencia rápida y de duración corta - como la muerte de un ser querido..-.
  • El estrés crónico: o situación de sobrecarga psíquica causada por actividades o situaciones permanentes. El estrés laboral de los educadores se encuadra en este grupo.
También es posible elaborar una clasificación más pormenorizada d elos tipos de estrés, dependiendo de la actividad que se realice:
  • Estrés de la competitividad: característico de empresarios, directivos, deportistas, comerciales.
  • Estrés de la creatividad: propio de escritores, artistas, investigadores.
  • Estrés de la responsabilidad: que afecta principalmente a médicos, controladores aéreos, o quienes tienen a su cargo a otras personas.
  • Estrés relacional: que se da en quienes trabajan en servicios en contacto directo y continuado con el público.
  • Estrés de la prisa: principalmente entre periodistas, empresarios, informáticos, corredores de bolsa.
  • Estrés de la expectativa: entre quienes trabajan en servicios de orden y seguridad.
  • Estrés del miedo: en trabajos de alto riesgo como minas, industrias químicas, centrales nucleares, fuerzas del orden, funcionarios de presiones...
  • Estrés del aburrimiento: que afecta a trabajos parcelarios y monótonos como cadenas de montaje, algunos sectores del funcionario público...

García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 64.
Lazarus, R.S. Estrés y procesos cognitivos. Martínez  Roca. Barcelona. 1986.
Alonso Fernández, F. Psicopatología del trabajo. Edika Med. Barcelona. 1997.

Síndrome del quemado o "burnout".

Esta patología no es exclusiva de profesiones relacionadas con la educación, sino que afecta también a otros sectores laborales, sobre todo a los trabajos estructurados alrededor de relaciones humanas.
El síndrome del quemado aparece como consecuencia de situaciones de estrés prolongadas.
Esta expresión ha sido acuñada por los psicoanalistas alemanes Freudenberger y Von Ginsburg para designar el agotamiento físico y psíquico en los trabajadores de organizaciones de cáracter social.
Este síndrome puede aparecer en cualquier actividad que produzca un estrés intenso y continuo, en la que el trabajo no garantice de por sí la obtención de buenos resultados y suponga una gran carga personal.
Su sintomatología aparece recogida en  el siguiente cuadro.
  • Síntomas premonitorios:
    • Hiperactividad.
    • Trabajar más horas sin cobrarlas.
    • Sentir que nunca se tiene tiempo para terminar lo que se tiene que hacer.
    • Sensación de desengaño.
    • Sentimiento de deshumanización.
    • Trastornos de atención dentro y fuera del trabajo.
  • Reacciones emocionales:
    • Sentimientos de culpa.
    • Sentimientos de depresión.
    • Agresividad.
  • Desorganización progresiva:
    • Disminución de la capacidad cognitiva.
    • Disminución de la creatividad.
    • Poca motivación.
  • Indiferencia:
    • En el trabajo y en la vida emocional, social y espiritual de la persona.
  • Reacciones psicosomáticas:
    • Alergías, afecciones de piel.
    • Malestar físico, cefaleas...
    • Insomnio.
  • Desesperación:
    • Aparición de ideas suicidas.
En general, cuando los educadores no pueden desarrollar sus capacidades emocionales e intelectuales en el ejercicio docente, sus esfuerzos por enseñar bien y su interés por elevar el nivel de calidad en la educación se ven entorpecidos.

García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 65.
Day, CH. Pasión por enseñar. Narcea. Madrid. 2006.

4. Vocación profesional y educacíón.

Con todo, la profesión de educar puede llegar a ser una de las más gratificantes que existen, porque se orienta a poner a otras personas en condiciones de que puedan protagonizar su vida y conducirse de manera responsable como seres libres y autónomos.


Vocación profesiional versus profesión.
Calidad educativa: intangibles pedagógicos.

García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 66. 

Vocación profesional versus profesión.

Debemos preguntarnos ¿qué se le pide a un buen trabajador en este campo?
Maria Zambrano lamenta que, en lugar de vocación se hable de profesión.
Sin embargo, no hay por qué considerarlos términos antagónicos, aunque las dinámicas tecno-científicas han contribuido a forjar esta idea.
Por lo tanto, es adecuado que  un replanteamiento de las profesiones educativas actuales pase por una reflexión acerca de lo que puede aportar la idea de "vocación profesional" en el ámbito del quehacer docente.
En un texto sobre el maestro, Zambrano sostiene que "la vocación, vista desde el que la tiene, es una ofrenda. Y la ofrenda completa en un ser humano es de lo que se hace y de lo que se es. Es por tanto una acción transcendente del ser, una "salida", si podemos decir, del ser humano de sus propios confines para ir a verterse más allá. Es un recogerse para luego volcarse, un ensimismarse para manifestarse con mayor plenitud".


García Amilburu, M. Deontología para profesionales de la educación. Ramón Areces. Madrid, 2012, pág. 66.
Zambrano, M. Filosofía y educación. Ágora. Madrid. 2007.
Day, CH. Pasión por enseñar. Narcea. Madrid. 2006. pág 90.